Servicios de consultoría, realización de auditorías y acciones formativas

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miércoles, 5 de julio de 2017

El Gran Poder de las Pequeñas Ideas

El Gran Poder de las Pequeñas Ideas (I)
Peter Drucker en el Gran Poder de las Pequeñas Ideas (1998) defiende que el futuro no puede ser conocido siendo lo único seguro que será diferente. Sin embargo puede ser “planeado” mediante acciones programadas y motivadas eficazmente por una idea (de economía diferente, de tecnología distinta o de un mercado gestionado de un modo novedoso).

Drucker se sitúa en contra que el planteamiento de largo plazo únicamente el válido para grandes entidades y que “su gestión” conlleva su predicción para adaptar las acciones de la empresa en tendencias anticipadas.

Defiende que las ideas siempre comienzan siendo pequeñas y requieren una gran cantidad de esfuerzo. Estas ideas deben tener potencial y capacidad de producir riqueza y generar un cambio relevante en nuestra entidad que permita su ventaja competitiva en el futuro. La ventaja de las “pequeñas ideas” es que al abarcar un área no muy extensa su viabilidad es mayor y únicamente precisan de un pequeño desarrollo localizado.

Nota*. Este es el motivo por el que una pequeña empresa está mucho más dispuesta a emprender y apostar por “pequeñas ideas”.

Conseguir que el futuro ocurra requiere de un fuerte esfuerzo más allá del talento. Asimismo la dirección debe responder a la pregunta de ¿qué aspecto daría a nuestra empresa mayor oportunidad si únicamente consiguiésemos que este punto se desarrollase?, de este modo los líderes pueden enfocar su trabajo sobre procesos y productos/servicios.

Existen una serie de consideraciones que deben tenerse en cuenta para la gestión y acumulación de ideas, la primera es la “apertura” de la Dirección a la aportación de nuevas ideas y la segunda es el compromiso personal para trabajar por la idea planteada y “cristalizarla” en la entidad. Pasar de una “pequeña idea” a su práctica demanda esfuerzo, coraje e incluso fe, pues son actuaciones inciertas, con cierta dosis de riesgo y donde nadie puede garantizar su éxito.

Las nuevas ideas llevan a la innovación por la cual la organización crea nuevos recursos o incrementa los que tiene con el objetivo de generar nuevos factores de éxito y ventajas competitivas. De un modo resumido pueden considerarse cuatro situaciones o áreas donde residen las llamadas oportunidades de innovación: sucesos inesperados, incongruencias, necesidades de procesos y cambios en la industria y el mercado.

Los sucesos inesperados se encuentran plenamente relacionados con los fracasos, pues el análisis de sus causas puede “abrir” las puertas a nuevas oportunidades (o a determinar la manera de no hacer las cosas), y con intereses de grupos de interés hacia los cuales en principio no estaba planteado el producto o servicio y que pueden conllevar (mediante su “redirección”) a un éxito inesperado.

Las incongruencias como caldo de cultivo de nuevas posibilidades, pueden observarse en procesos no totalmente automatizados, sectores con posibilidad de expansión pero con bajos rendimientos o actuaciones donde existe un mejor producto o servicio pero el mercado se mantiene en lo antiguo.

Las necesidades de proceso, puede ser el punto donde más trabajamos los consultores. Dentro de las sistemáticas de trabajo existentes en las empresas siempre hay posibilidades de mejora tanto en gestión burocrática, ahorro de pasos y controles y mejora progresiva de procesos que en no pocas ocasiones las organizaciones han ido creciendo a medida que sus necesidades se elevaban sin trabajar en la eficacia de sus procesos y sistema de organización.

Los cambios en la industria y el mercado. En este punto entrarían aspectos como la aparición de nueva tecnología (siendo uno de los mejores ejemplos la aparición de internet) que puede “dar la vuelta” literalmente a un sector, los cambios demográficos pues el control de los deseos y necesidades de las nuevas generaciones (que progresivamente van convirtiéndose en potenciales clientes) puede “abrir” literalmente nuevas líneas de negocio y los llamados cambios de percepción que conllevan en tener en cuenta nuestra visión subjetiva de los datos e información que se nos presenta de modo que el mismo suceso objetivo puede considerarse desde enfoques diferentes dependiendo de la cultura, estatus social, etc.

Las empresas en un futuro y sus líderes particularmente tendrán que aprender a delimitar y gestionar la información así como las herramientas que la generan y albergan como generadores de riqueza y administración de cualquier organización de modo que las decisiones que se adopten abarquen información básica (flujo de caja, proyecciones de liquidez, inventarios, ventas, ingresos, etc., que constituyen actuaciones directivas ampliamente empleadas y que si sin correctas no nos dicen mucho pero si son incorrectas identifican un problema), información sobre la productividad (se focaliza en los recursos clave de la entidad: trabajadores, equipos, etc.), información sobre nuestra competencia (considerada como factor clave en los últimos años para conseguir una ventaja competitiva sostenible en el tiempo y como factor diferenciador de la empresa) e información sobre la asignación de recursos (entendidos como el capital como sus recursos humanos de modo que su gestión y combinación correctas delimitan la eficacia de la operatividad de la entidad).

El Gran Poder de las Pequeñas Ideas (II)


Como complemento a los cuatro tipos de información reseñada la empresa necesita que dicha información esté organizada y su estrategia precisa en tener en cuenta la información sobre los mercados, los clientes (y los no clientes), sobre los avances de la tecnología (de nuestro sector y ajena), sobre la evolución de la economía y finanzas (en muchas cosas a nivel global) considerando en todo momento que ahí es donde están los resultados*.



Observación*. La información recogida debe animarnos a cuestionar principios establecidos y a formularnos las preguntas oportunas, además debemos integrar la información en un proceso de toma de decisiones y planteamiento de objetivos estratégicos de modo que pueda llegar a cuestionar y desafiar la estrategia establecida. De este modo la información debe integrarse con la estrategia empresarial de modo que la combinación de ambas pueda poner a prueba las suposiciones de la organización y desafiar su planteamiento  actual.

La organización del futuro demandará una estructura más plana donde la especialización (que es donde radica el conocimiento) sea más elevada y donde el traslado de este conocimiento (actualmente situado en los “peldaños” superiores de la entidad) se sitúe en los diferentes departamentos (las bases) que controlan el conjunto de procesos de la entidad, siendo básico el liderazgo por objetivos por parte de los directivos de la entidad, las relaciones de cooperación entre sus diferentes integrantes y el asumir las responsabilidades correspondientes por parte de todo el personal. La “descentralización” será una necesidad de cara a su preparación para la adopción de decisiones rápidas de modo que la organización se ajuste a las necesidades de cambio imperantes en la actualidad y el grado de especialización demandado precisará de un trabajo en equipo y entre iguales de cara a la mejor coordinación de las decisiones estratégicas. Aspectos como la mejora continua, el “aprovechamiento” del conocimiento y transformar la innovación en un proceso sistemático e integrado en la organización serán esenciales para mantenerla en el “terreno de juego”.

Se debe tener en cuenta que el futuro siempre llega antes o después y en todas las ocasiones supone una diferencia con el presente lo que conlleva que cualquier compañía que no trabaje sobre él tendrá dificultades que implicarán una pérdida de relevancia y liderazgo además de cierto vértigo y falta de comprensión de los sucesos. La Dirección de una organización puede decidir no trabajar en relación a su futuro pero generalmente el riesgo asumido por esta “omisión” es tremendamente más grande que la apuesta por “pequeñas ideas” a pesar de que algunas de ellas no ofrezcan el resultado previsto.

“Lo único que sabemos del futuro es que será diferente.
Peter F. Drucker, consultor y experto en gestión empresarial austriaco